La presidenta y directora técnica de La Robera Sala d’Armes reflexiona sobre inclusión, deporte y superación tras ganar el Premio al Mejor Documental Nacional en Corto Cortismo con El corazón y la espada.

El corazón y la espada, documental dirigido por Miguel Ángel Font Bisier, ha sido reconocido con el Premio al Mejor Documental Nacional en la XIII edición del Festival de Cortometrajes Corto Cortismo de Miguelturra. Detrás de este proyecto se encuentra Laura Pérez Aguado, presidenta y directora técnica del club de esgrima inclusiva La Robera Sala d’Armes, una iniciativa formada por mujeres de l’Horta Nord y l’Horta Sud de Valencia que apuesta por el deporte como herramienta de transformación social.

El documental narra la historia de Manu y, a través de ella, aborda cuestiones como la diversidad funcional, el acoso escolar, la resiliencia y la importancia de los espacios seguros. En esta entrevista, Laura habla del origen del proyecto, de la esgrima como filosofía de vida, del proceso de rodaje marcado por la DANA y del impacto que está teniendo este reconocimiento para el club y para la esgrima inclusiva.

¿Qué te llevó a apostar por un proyecto como El corazón y la espada y a contar la historia de Manu?

Queríamos realizar el primer documental del club coincidiendo con el décimo aniversario de su creación. La idea era contar una historia personal de alguna de las familias del club que sirviera como hilo conductor de nuestras actividades y de nuestra metodología de trabajo.

Pensé que la historia de uno de los niños que estuvo en los inicios del club podía representar muy bien nuestro recorrido. Manu y yo tenemos un vínculo de amistad muy fuerte que hemos trabajado durante más de diez años, y me pareció que no había mejor persona para acompañarme en esta aventura.

Aunque él es el protagonista, también aparecen otras personas del club, cuyas historias nos gustaría poder contar en futuros documentales. Con este proyecto queríamos generar conciencia, demostrar que hay muchas maneras de hacer las cosas y que ser diferente de la norma no es algo negativo, sino una oportunidad. Existen espacios donde todas las personas pueden encontrar su lugar y evolucionar.

Como presidenta y directora técnica de La Robera Sala d’Armes, ¿qué aporta la esgrima, especialmente en su vertiente inclusiva, a personas con diversidad funcional o con experiencias de acoso como Manu?

Para muchas personas, la esgrima no es solo un deporte, sino una auténtica filosofía de vida. Transmite valores y ofrece herramientas que ayudan a afrontar mejor los desafíos cotidianos.

La esgrima tiene cuatro modalidades: deportiva (olímpica), histórica, escénica y adaptada, que es la paralímpica. Cada una atrae a perfiles distintos y permite que cada persona encuentre su espacio. Existen estudios que destacan los beneficios de la esgrima para personas con TDAH y otras neurodivergencias, tanto a nivel físico como emocional.

La esgrima adaptada nació tras la Segunda Guerra Mundial como herramienta de rehabilitación, y aporta autoestima, disciplina y fortaleza. En el club vemos cada día cómo acompaña el crecimiento físico, mental y emocional de niños, niñas y adolescentes. Practicarla de forma inclusiva es doblemente beneficioso: las personas con diversidad ganan autonomía y las personas sin discapacidad desarrollan mayor sensibilidad y conciencia social.

El documental aborda temas como el autismo, el acoso escolar o la resiliencia tras la DANA. ¿Qué mensaje te gustaría que recibiera el público?

Me gustaría que quienes vean el documental encuentren nuevos referentes y formas creativas de hacer las cosas. Que descubran que existen espacios seguros para todos y que el deporte puede cambiar vidas.

Espero que sirva de inspiración a otros clubes deportivos y a entrenadores para abrir sus puertas. Y también que llegue a niños y niñas que sufren acoso escolar, para que vean que hay alternativas, personas que pueden acompañarlos y opciones más allá de lo que nuestra sociedad plantea como norma. También lanza un mensaje muy claro a quienes trabajan con infancia y juventud: las acciones —y las omisiones— tienen un impacto enorme. Acompañar, escuchar y actuar a tiempo puede ser vital.

¿Qué retos supuso compaginar la gestión del club con la producción del documental?

Fue una auténtica locura. Empezamos a rodar apenas tres meses después del paso de la DANA por nuestra comarca. No tenía tiempo para nada, pero sentía que era importante sacar el proyecto adelante.

Recuerdo saltar escombros para llegar a las instalaciones, reuniones exprés con instituciones y momentos muy duros. Todo esto no habría sido posible sin el apoyo constante de Ana Martínez, secretaria del club y mi pareja, y de Dolores Aguado, tesorera del club y mi madre. Juntas intentamos transformar la incredulidad en oportunidad.

A día de hoy aún me cuesta creer que lo lográramos… y que el documental ya haya recibido cuatro premios nacionales.

¿Qué ha supuesto para ti recibir el Premio al Mejor Documental Nacional en Corto Cortismo?

Es una enorme felicidad para todo el club. Poder hacer el documental ya fue un sueño cumplido, y recibir este premio lo hace aún más especial. Me emociona poder compartir nuestra filosofía de club y que sirva para inspirar a otros proyectos deportivos a apostar por la inclusión y por la riqueza que aporta la diversidad.

¿Cómo puede ayudar este reconocimiento a impulsar la esgrima inclusiva que promovéis?

Este tipo de premios nos da visibilidad y nos permite generar referentes. Ayuda a que más personas conozcan nuestro deporte y a que quienes creen que no encajarían en la esgrima descubran que existen muchas formas de practicarla.

¿Qué proyectos de futuro tenéis en La Robera Sala d’Armes?

Nos gustaría seguir rodando documentales con otras historias del club, mostrando diferentes realidades. Creemos que el cine es una herramienta muy potente para generar conciencia y expandir nuestra metodología inclusiva. Y quién sabe… quizá algún día rodemos una película. Entre pandemias, catástrofes y viajes, nuestras aventuras darían para mucho.